Historia general de los perros

Mi amor por la historia general de los perros.

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Willy

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Mi amor por la historia general de los perros.

por Recreo Canino

No hay ninguna incongruencia en la idea de que en el período más antiguo en que el hombre habitó este mundo se hizo amigo y compañero de algún tipo de representante aborigen de nuestro perro moderno, y que, a cambio de su ayuda en la protección de los animales más salvajes, y en la vigilancia de sus ovejas y cabras, le dio una parte de su comida, un rincón en su vivienda, y llegó a confiar en él y a cuidarlo y al revés.

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Mi amor por la historia general de los perros.

por Recreo Canino

No hay ninguna incongruencia en la idea de que en el período más temprano de la habitación del hombre de este mundo hizo un amigo y compañero de una especie de representante aborigen de nuestro perro moderno. Y que, a cambio de su ayuda en la protección contra los animales más salvajes  y en la vigilancia de sus ovejas y cabras. Le dio una parte de su comida, un rincón en su vivienda, y creció su confianza en él y empezó a cuidar de él.

Probablemente el animal no era más que un chacal inusualmente manso, o un lobo enfermo al que sus compañeros habían obligado a buscar refugio en un entorno extraño. Se puede concebir la posibilidad de que la asociación comience en la circunstancia de que algunos cachorros indefensos fueran llevados a casa por los primeros cazadores para ser atendidos y criados por las mujeres y los niños. Los perros introducidos en el hogar como juguetes para los niños crecerían hasta considerarse a sí mismos, y ser considerados, como miembros de la familia

En casi todas las partes del mundo se encuentran rastros de una familia canina autóctona. Siendo las únicas excepciones las islas de las Indias Occidentales, Madagascar, las islas orientales del archipiélago malayo, Nueva Zelanda y las islas de la Polinesia. Donde no hay señales de que haya existido ningún perro, lobo o zorro como verdadero animal aborigen.

En las antiguas tierras orientales, y en general entre los primeros mongoles, el perro permaneció salvaje y abandonado durante siglos, merodeando en manadas, enjuto y con aspecto de lobo, como merodea hoy por las calles y bajo los muros de todas las ciudades orientales. No se intentó atraerlo a la compañía humana ni mejorar su docilidad. No es hasta que examinamos los registros de las civilizaciones superiores de Asiria y Egipto que descubrimos alguna variedad distinta de forma canina.

La gran cantidad de razas de perros y las enormes diferencias en su tamaño, sus puntos y su aspecto general son hechos que hacen difícil creer que hayan podido tener una ascendencia común.

Uno piensa en la diferencia entre el Mastín y el Spaniel japonés, el Deerhound y el Pomerania de moda, el San Bernardo y el Terrier Negro y Fuego Miniatura. Nos quedamos perplejos al contemplar la posibilidad de que hayan descendido de un progenitor común. Sin embargo, la disparidad no es mayor que la que existe entre el caballo Shire y el poni Shetland, el Shorthorn y el ganado Kerry, o el Patagónico y el Pigmeo; y todos los criadores de perros saben lo fácil que es producir una variedad de tipo y tamaño mediante una selección estudiada.

Para entender bien esta cuestión es necesario considerar primero la identidad de estructura en el lobo y el perro. Esta identidad de estructura puede estudiarse mejor comparando el sistema óseo, o esqueleto, de los dos animales, que se parecen tanto que su transposición no se detectaría fácilmente.

La columna vertebral del perro consta de siete vértebras en el cuello, trece en la espalda, siete en los lomos, tres vértebras sacras y de veinte a veintidós en la cola. Tanto en el perro como en el lobo hay trece pares de costillas, nueve verdaderas y cuatro falsas. Cada uno tiene cuarenta y dos dientes. Ambos tienen cinco dedos delanteros y cuatro traseros, mientras que exteriormente el lobo común tiene una apariencia tan parecida a la de un perro grande y de huesos desnudos, que la descripción popular de uno serviría para el otro.

Tampoco son diferentes sus hábitos. La voz natural del lobo es un fuerte aullido, pero si se le confina con perros aprenderá a ladrar. Aunque es carnívoro, también come verduras y, cuando está enfermo, mordisquea la hierba. En la persecución, una manada de lobos se dividirá en grupos, uno de los cuales seguirá el rastro de la presa y el otro se esforzará por interceptar su retirada, ejerciendo una considerable dosis de estrategia, un rasgo que exhiben muchos de nuestros perros deportivos y terriers cuando cazan en equipo.

Otro punto importante de semejanza entre el Canis lupus y el Canis familiaris es que el período de gestación en ambas especies es de sesenta y tres días. Hay de tres a nueve cachorros en una camada de lobos, y éstos son ciegos durante veintiún días. Son amamantados durante dos meses, pero al final de ese tiempo son capaces de comer carne a medio digerir que les da su madre o incluso su padre.

Los perros nativos de todas las regiones se aproximan mucho en tamaño, coloración, forma y hábitos al lobo nativo de esas regiones. De esta circunstancia tan importante hay demasiados ejemplos para permitir que se considere una mera coincidencia. Sir John Richardson, escribiendo en 1829, observó que «el parecido entre los lobos norteamericanos y el perro doméstico de los indios es tan grande que el tamaño y la fuerza del lobo parecen ser la única diferencia.

Se ha sugerido que el único argumento incontrovertible contra el parentesco lupino del perro es el hecho de que todos los perros domésticos ladran, mientras que todos los cánidos salvajes expresan sus sentimientos sólo con aullidos. Pero la dificultad aquí no es tan grande como parece, ya que sabemos que los chacales, los perros salvajes y los cachorros de lobo criados por perras adquieren fácilmente el hábito. Por otro lado, los perros domésticos a los que se les permite correr de forma salvaje olvidan cómo ladrar, mientras que hay algunos que todavía no han aprendido a expresarse así.

La presencia o ausencia del hábito de ladrar no puede considerarse un argumento para decidir la cuestión del origen del perro. Este escollo desaparece, por lo tanto, dejándonos en la posición de estar de acuerdo con Darwin, cuya hipótesis final fue que «es muy probable que los perros domésticos del mundo hayan descendido de dos buenas especies de lobos (C. lupus y C. latrans), y de otras dos o tres especies dudosas de lobos, a saber, las formas europea, india y norteafricana; de al menos una o dos especies caninas sudamericanas; de varias razas o especies de chacal; y quizá de una o más especies extinguidas»; y que la sangre de éstas, en algunos casos mezclada, fluye por las venas de nuestras razas domésticas.

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